Auteur/autrice : Sebastien SOLERI

  • ¿Vitamina D3 y K2: para qué sirven?

    ¿Vitamina D3 y K2: para qué sirven?

    Vitamina D3 y K2: ¿son necesarias juntas o no?

    Publicado el 08/07/2025 – Última actualización el 08/07/2025

    Seguro que habéis escuchado que la vitamina D3 y la K2 van siempre de la mano. Que si no tomas K2 con la D3, el calcio se va a acumular en tus arterias… ¿Qué hay de cierto en todo esto? ¿Para qué sirven? 

    El papel de la vitamina D

    Sin ella, da igual cuánto calcio toméis: no se absorberá bien y acabará saliendo por donde entró. Por eso, la D3 es esencial para mantener unos huesos fuertes y sanos.

    Pero no solo los huesos la necesitan:

    • también ayuda a vuestro sistema inmunitario a estar al quite,
    • reduce el riesgo de infecciones
    • y podría incluso influir en vuestro estado de ánimo.

    Aquí en España, entre abril y octubre tenemos sol de sobra para producir vitamina D si salimos al aire libre sin pasarnos con la crema solar. Pero de noviembre a marzo la cosa cambia: es difícil generar la cantidad suficiente.

    Por eso, mucha gente necesita suplementos de D3 en los meses más fríos.

    El papel de la vitamina K2

    La K2 activa unas proteínas clave como:

    • la osteocalcina, que fija el calcio en los huesos,
    • y la MGP (Matrix Gla Protein), que evita que el calcio se deposite en los vasos sanguíneos.

    Es decir, ayuda a que el calcio haga su trabajo donde toca, y no donde pueda causar problemas.

    ¿De dónde sacáis la vitamina K2? Principalmente de alimentos fermentados, como el natto japonés (que pocos comemos en España…), algunos quesos curados, la yema de huevo… Si lleváis una dieta variada que incluya estos alimentos, probablemente ya tenéis K2 en vuestro cuerpo.

    Aunque la K2 puede ser interesante para la salud cardiovascular y ósea, los estudios serios sobre su papel todavía son escasos y no siempre concluyentes. Algunos muestran beneficios para reducir la calcificación arterial y mejorar la densidad ósea, mientras que otros no encuentran efectos significativos, sobre todo en personas sanas.

    ¿Por qué se habla tanto de la combinación D3 + K2?

    Esta idea se ha convertido casi en un mantra, repetido en blogs, redes sociales y hasta por algunos profesionales de la salud.

    Todo parte de una teoría bastante lógica: como la vitamina D3 ayuda a absorber más calcio, si no hay suficiente K2 para guiarlo hacia los huesos, ese calcio podría acumularse en los lugares equivocados (arterias, riñones, tejidos blandos) aumentando el riesgo de calcificaciones.

    Esta teoría se reforzó porque algunos estudios observaron que en personas mayores o con problemas específicos, añadir K2 podía ayudar a mejorar la salud ósea y reducir la rigidez arterial.

    Pero ojo: estos beneficios solo se han visto claramente en casos muy concretos, como en dosis altas de vitamina D.

    Entonces, ¿por qué tantas marcas recomiendan tomar siempre D3 con K2?

    Sinceramente, en parte es una cuestión de marketing: suena convincente y genera miedo a “hacerlo mal” si no se toman juntas. Y el miedo, ya sabéis… vende mucho.

    En realidad, las investigaciones más serias coinciden en que, para la mayoría de las personas sanas, con una dieta mínimamente variada y dosis normales de vitamina D (1.000-2.000 UI/día), no es imprescindible añadir K2.

    Alguna vez has habéis oído que no hay que tomar sol sin suplementarse con K2? Es lo mismo…

    ¿Cuándo es útil la combinación D3 + K2?

    No todo el mundo necesita tomar vitamina D3 junto con K2, pero hay situaciones en las que la combinación puede ser interesante:

    • Si tomas dosis altas de vitamina D (más de 4000 UI/día de forma prolongada). A esas cantidades, el calcio que se absorbe es mucho mayor, y tener K2 ayuda a dirigirlo bien.
    • Personas mayores (a partir de 65 años) que tienen riesgo de osteoporosis o problemas cardiovasculares. En estos casos, la K2 podría ayudar a mantener los huesos fuertes y a reducir la rigidez arterial.
    • Si tomas suplementos de calcio además de la vitamina D.
    • Si tienes antecedentes de calcificación arterial, enfermedad renal crónica o problemas que afecten al metabolismo del calcio.

    Por el contrario, si no estás en ninguna de estas situaciones, no hay pruebas de que la K2 te aporte un beneficio extra. Por ejemplo:

    • Si eres joven y sano, sin enfermedades ni factores de riesgo.
    • Tomas dosis moderadas de D3 (800-2000 UI/día), suficientes para mantener niveles adecuados sin pasarse.
    • Tienes una alimentación variada.

    En estos casos, gastar dinero en un suplemento de K2 no tiene mucho sentido, y es mejor invertir en otros aspectos de vuestra salud, como una dieta equilibrada o actividad física.

    ¿Por qué mi vitamina D3 no contiene K2?

    Como hemos visto, la mayoría de las personas sanas no necesitan K2 extra si toman vitamina D en dosis normales. Yo prefiero hacer las cosas con lógica nutricional y no solo porque queden bien en el marketing.

    1. Poder adaptar las dosis

    He elegido un formato en gotas para mi D3, que se absorbe mejor al venir con aceite, pero que además tiene otra ventaja: permite adaptar la dosis según las necesidades de cada uno. Por ejemplo, 2 gotas (500 UI) para un niño pequeño o hasta 16 gotas (4.000 UI) para un adulto en invierno.

    Si añadiera K2 a la fórmula, perderíais esa flexibilidad, porque la K2 no necesita las mismas variaciones de dosis que la D3. Sería como poner un freno de mano a la personalización: o tomáis poca D3 con poca K2, o mucha D3 con demasiada K2, sin poder ajustarlo a vuestro caso.

    2. Efecto sobre el precio

    La K2 incrementa el precio del producto. Y no quiero que gastéis vuestro dinero en algo que no vais a necesitar, salvo que tengáis un caso concreto que lo justifique (como dosis altas de D3 o problemas de salud específicos).

    Así vendo vitamina D:

    • De la mejor calidad (patentada Vitashine®),
    • en forma vegana extraída de líquenes (la mejor fuente)
    • A buen precio: 16,90€ por 5 meses.

    Vitamina D y las calcificaciones: separar mito y realidad

    Lo que de verdad provoca calcificaciones en las arterias son cosas como el exceso de calcio suplementado, el tabaco, la falta de magnesio o un exceso de fósforo en la dieta (muy común si coméis muchos ultraprocesados con aditivos fosfatados, como embutidos o refrescos).

    La vitamina D, en cambio, no causa calcificaciones cuando se toma en dosis habituales. Al contrario: algunos estudios apuntan a que podría incluso mejorar la salud arterial y reducir la presión sanguínea.

    ¿De dónde viene entonces el miedo? 

    De un malentendido sobre cómo funciona la vitamina D en el cuerpo. Cuando ingerís D3, esta se transforma en varias etapas hasta convertirse en calcitriol, la forma activa que regula el calcio en la sangre.

    Y solo si abusáis de la D3 (dosis altísimas como más de 10.000 UI al día durante meses) podéis tener niveles de calcitriol tan altos que lleguen a descontrolar el calcio y favorecer calcificaciones. Pero en dosis normales vuestro cuerpo regula perfectamente este proceso.

  • ¿El colágeno es realmente bueno para los deportistas?

    ¿El colágeno es realmente bueno para los deportistas?

    ¿Cuáles son los beneficios del colágeno para los deportistas?

    Publicado el 04/07/2025 – Última actualización el 04/07/2025

    ¿Has notado últimamente que todo el mundo habla del colágeno? Que si es bueno para las articulaciones, que si mejora la piel, que si ayuda a recuperarse… Vamos, parece el suplemento de moda. Pero, ¿realmente merece la pena si haces deporte?

    El colágeno: una proteína clave

    Su nombre viene del griego kólla, que significa “cola”. Y no es casualidad: el colágeno es lo que mantiene unidos tus tejidos, dándoles resistencia, elasticidad y soporte estructural. Está en los tendones, los ligamentos, los cartílagos, los músculos… y hasta en la piel y los huesos.

    ¿Y por qué esto importa si haces deporte? Pues porque cada zancada, cada salto, cada levantamiento de peso… estresa estas estructuras. Si tu cuerpo no tiene suficiente colágeno o no lo renueva bien, es más fácil que lleguen los dolores articulares, las tendinitis, las molestias musculares o incluso las lesiones.

    Además, lo que muchos no saben es que el colágeno no solo sirve para evitar problemas, también puede ayudarte a entrenar mejor. Unos tendones fuertes y unos ligamentos elásticos hacen que el movimiento sea más eficiente.

    Por qué necesitamos más colágeno

    Aunque tu cuerpo produce colágeno de forma natural, esta producción no es infinita. A partir de los 25 años empieza a disminuir poco a poco. Y a los 40, la caída se acelera. A los 80, se calcula que producimos hasta un 75 % menos que en la juventud.

    Pero el paso del tiempo no es el único culpable. Hay otros factores que desgastan nuestro colágeno mucho antes de lo esperado, sobre todo si llevas un estilo de vida activo o exigente:

    • El sol en exceso.
    • La contaminación y el tabaco.
    • El estrés crónico y la falta de sueño reparador.
    • Y el entrenamiento intenso y repetido sin una recuperación adecuada.

    Todo esto genera lo que se llama « estrés oxidativo », una especie de desgaste celular que afecta directamente a las proteínas estructurales del cuerpo, entre ellas el colágeno. En otras palabras: entrenar duro sin cuidar bien tu cuerpo puede estar jugándote una mala pasada.

    Por eso, incluso si eres joven y estás en forma, podrías beneficiarte de un aporte extra de colágeno. No para rejuvenecer, sino para compensar ese desgaste que, con el tiempo, pasa factura.

    ¿Qué beneficios reales aporta la suplementación con colágeno?

    Confort articular

    Varios estudios han demostrado que tomar colágeno hidrolizado ayuda a reducir el dolor en las articulaciones, sobre todo en deportistas con molestias recurrentes o personas activas con desgaste articular. ¿Lo típico de sentir las rodillas hechas polvo al subir escaleras? Pues eso puede mejorar.

    Regeneración del cartílago

    También se ha observado que el colágeno puede favorecer la regeneración del cartílago y mejorar la movilidad, aunque estos efectos son más progresivos. No hablamos de reconstruir articulaciones destruidas, pero sí de aliviar síntomas y frenar el deterioro.

    Impacto sobre tendones y ligamentos

    En algunos ensayos, tomar colágeno antes del ejercicio —especialmente combinado con vitamina C— ha aumentado la síntesis de colágeno en los tejidos y acelerado la recuperación tras lesiones. Es decir, no solo ayuda a prevenir, sino que puede hacer que vuelvas antes a entrenar si te has lesionado.

    Músculos

    En cuanto a los músculos, aunque el colágeno no es una proteína anabólica como la proteína de suero, sí puede aportar un extra de aminoácidos que ayudan a la recuperación, sobre todo en personas mayores o con dieta baja en proteínas. Incluso hay estudios que muestran mejoras modestas en la masa muscular magra cuando se combina con entrenamiento de fuerza.

    Piel

    Y por si fuera poco, hay quien nota también beneficios en la piel (más hidratada, más elástica), en las uñas y hasta en el cabello. ¿Efecto placebo? Puede ser. ¿Pero si encima te ves mejor en el espejo, quién se va a quejar?

    No esperes milagros en dos semanas. Los efectos suelen notarse tras varias semanas o incluso meses de uso continuo. Y como siempre, depende de la dosis, del tipo de colágeno y… de tu constancia.

    ¿Qué tipo de colágeno elegir? Lo que de verdad importa

    Si te has asomado al mundo de los suplementos de colágeno, probablemente te habrás sentido un poco perdido: colágeno hidrolizado, péptidos bioactivos, colágeno nativo tipo II, UC-II®, bovino, marino…

    Colágeno hidrolizado

    El más común y mejor estudiado es el colágeno hidrolizado (o « péptidos de colágeno »). Esto significa que la proteína ha sido troceada en fragmentos pequeños (péptidos) para que el cuerpo los absorba fácilmente. Si ves que en la etiqueta pone péptidos de colágeno bioactivo, vas por buen camino.

    El peso molecular

    El tamaño de esas partículas importa: lo ideal es que tengan un peso molecular bajo (entre 2000 y 5000 Daltons) para garantizar una buena absorción.

    ¿Colágeno tipo 1, 2 o 3?

    Seguro que has visto suplementos que prometen efectos específicos según el tipo de colágeno: tipo 1 para la piel, tipo 2 para las articulaciones, tipo 3 para los músculos… Pero la verdad es que esto puede ser engañoso.

    Cuando tomas colágeno hidrolizado, ya no conserva su forma ni función original. Los péptidos que se absorben no actúan como « tipo 1 », « tipo 2 » o « tipo 3 », sino que el cuerpo los usa donde los necesita para fabricar su propio colágeno.

    Entonces, ¿qué hacer? Olvídate del número y prioriza un producto bien formulado, hidrolizado, con buen nivel de absorción y de una fuente fiable. Eso es lo que realmente marca la diferencia.

    ¿Y qué hay de la fuente?

    • Marino (procedente de piel o escamas de pescado): suele ser más caro, pero también más puro y con mejor sabor. A algunos les resulta más digestivo.
    • Bovino (de piel y huesos de vacuno): más común y eficaz, aunque depende mucho de la calidad del producto.

    Con vitamina C

    No te olvides de los ingredientes « compañeros » que marcan la diferencia: la vitamina C es fundamental para estimular la producción de colágeno en tu cuerpo.

    También verás productos que añaden ácido hialurónico, magnesio o zinc, que pueden reforzar el efecto, aunque no son imprescindibles.

    Consejo final: apuesta por calidad reconocida

    Para no complicarte, lo más fácil es confiar en fabricantes de referencia que garantizan trazabilidad, pureza y eficacia comprobada. Los mejores son: Peptan®, Verisol®, Naticol®

    Para nuestro colágeno hidrolizado, hemos optado por Naticol®, el mejor proveedor de colágeno marino.

    ¿Cómo tomar colágeno para notar resultados?

    La dosis importa

    Para el colágeno hidrolizado, los estudios suelen utilizar entre 5 y 10 gramos al día. Es la cantidad que ha demostrado tener efecto sobre articulaciones, tendones y recuperación muscular. Tomar menos puede quedarse corto, y tomar más no siempre mejora los resultados (aunque tampoco suele tener efectos secundarios).

    Mejor con el estómago vacío (y vitamina C)

    Aunque el colágeno se puede tomar en cualquier momento, muchos expertos recomiendan hacerlo en ayunas o lejos de comidas ricas en proteínas, para que no compita con otros aminoácidos durante la absorción.

    Además, tomarlo con vitamina C (unos 50-100 mg) puede potenciar su efecto, ya que esta vitamina participa en la síntesis de colágeno. Puedes tomarlo con zumo de naranja o un suplemento que ya la incluya.

    Sé constante

    Esto no es como un ibuprofeno que actúa en 30 minutos. El colágeno necesita tiempo para hacer efecto. La mayoría de estudios muestran beneficios a partir de las 6-8 semanas, y los mejores resultados suelen llegar tras 3 meses o más de uso diario.

  • ¿Cuál es el mejor protector de estómago natural?

    ¿Cuál es el mejor protector de estómago natural?

    Magnesio en la menopausia: para qué sirve y cómo puede ayudarte

    Publicado el 20/06/2025 – Última actualización el 20/06/2025

    No es extraño que hayas oído hablar del magnesio últimamente. Este mineral esencial está despertando mucho interés por su posible papel en el bienestar durante la menopausia. Sin embargo, es normal que tengas dudas: ¿realmente lo necesito? ¿Es eficaz? ¿Cómo puede ayudarme?

    Beneficios del magnesio durante la menopausia

    No estamos hablando de un remedio milagroso, pero sí de un mineral con múltiples funciones clave que, bien cubiertas, pueden mejorar tu bienestar diario.

    Mejor sueño y descanso

    Muchas mujeres notan que duermen peor durante la menopausia: dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos, insomnio… El magnesio ayuda a relajar el sistema nervioso y favorece la producción de melatonina, la hormona del sueño. Esto puede traducirse en un sueño más profundo y reparador. ¿Es una solución definitiva? No. Pero puede ser un apoyo interesante.

    Menos ansiedad y mejor estado de ánimo

    Los cambios hormonales afectan a los neurotransmisores que regulan el ánimo. El magnesio actúa como un modulador natural del estrés, ayudando a reducir la ansiedad, la irritabilidad y las alteraciones del humor.

    Muchas mujeres describen que, al mejorar sus niveles de magnesio, se sienten más tranquilas y capaces de gestionar mejor las emociones diarias.

    Reducción de calambres y dolores musculares

    La falta de magnesio puede provocar calambres nocturnos, espasmos musculares y sensación de rigidez. Durante la menopausia, estos síntomas pueden intensificarse.

    Asegurar un buen aporte de magnesio ayuda a mantener la función muscular y prevenir estas molestias.

    Protección de la salud ósea

    Con la disminución de estrógenos, la pérdida de densidad ósea se acelera. El magnesio, junto con el calcio y la vitamina D, desempeña un papel esencial en la formación y mantenimiento de los huesos.

    Aunque no sustituye a otros tratamientos, sí puede contribuir a prevenir la osteoporosis.

    Apoyo cardiovascular

    El magnesio ayuda a regular la tensión arterial y el ritmo cardíaco. En la menopausia, cuando aumenta el riesgo cardiovascular, mantener unos niveles adecuados de magnesio es una estrategia adicional para proteger el corazón.

    ¿Y los sofocos?

    Aquí conviene ser claros: los estudios no han demostrado de forma contundente que el magnesio reduzca directamente los sofocos. Sin embargo, al mejorar la calidad del sueño y reducir el estrés, algunas mujeres sienten que los síntomas vasomotores se vuelven más llevaderos.

    ¿Por qué falta magnesio en la menopausia?

    De por sí, el magnesio es uno de los nutrientes de los que más carecemos: lo necesitamos en grandes cantidades y pocos alimentos lo contienen en cantidades significativas.

    Pero durante la menopausia, hay ciertos factores que hacen que tendamos a tener aún más déficit de lo habitual…

    1. Cambios en la alimentación

    Con el paso de los años, muchas personas tienden a comer menos —y, a veces, peor. La reducción del apetito, dietas restrictivas, o simplemente la falta de tiempo para preparar comidas equilibradas pueden reducir la ingesta de magnesio. Además, alimentos ultraprocesados, azucarados o refinados (que abundan en nuestra dieta actual) apenas contienen magnesio.

    2. Menor absorción intestinal

    A medida que envejecemos, nuestro intestino pierde eficacia para absorber ciertos nutrientes, entre ellos el magnesio. Es decir, aunque comas igual que antes, tu cuerpo puede estar aprovechando menos de lo que ingieres.

    3. Pérdidas aumentadas por el estrés

    El estrés crónico, tan común en esta etapa por los cambios vitales y hormonales, aumenta la excreción de magnesio por la orina. En resumen: cuanto más estrés, más magnesio gastas… y más difícil es reponerlo solo con la dieta.

    4. Cambios hormonales

    La bajada de estrógenos y progesterona que caracteriza la menopausia influye indirectamente en el equilibrio de minerales, incluyendo el magnesio. Aunque los niveles en sangre pueden parecer normales, los depósitos en los tejidos pueden estar bajos, lo que contribuye a síntomas como fatiga, calambres o nerviosismo.

    Después de ver tantos productos poco serios y mal formulados,  decidí crear el mío. 

    « Un magnesio con la calidad que yo mismo exijo como nutricionista« 

    __CONFIG_colors_palette__{« active_palette »:0, »config »:{« colors »:{« af076 »:{« name »: »Main Accent », »parent »:-1}, »25d4d »:{« name »: »Accent Tone », »parent »: »af076″, »lock »:{« saturation »:0, »lightness »:0}}}, »gradients »:[]}, »palettes »:[{« name »: »Default Palette », »value »:{« colors »:{« af076 »:{« val »: »rgb(240, 90, 32) »}, »25d4d »:{« val »: »rgb(255, 113, 97) », »hsl_parent_dependency »:{« h »:6, »l »:0.69, »s »:1}}}, »gradients »:[]}, »original »:{« colors »:{« af076 »:{« val »: »rgb(19, 114, 211) », »hsl »:{« h »:210, »s »:0.83, »l »:0.45, »a »:1}}, »25d4d »:{« val »: »rgb(62, 183, 252) », »hsl_parent_dependency »:{« h »:201, »s »:0.96, »l »:0.61, »a »:1}}}, »gradients »:[]}}]}__CONFIG_colors_palette__ Ver el producto magnesio

    Entonces ¿es bueno tomar magnesio en la menopausia?

    Salvo que tengas una dieta muy cuidada (rica en verduras de hoja verde, legumbres, frutos secos y cereales integrales), lo más probable es que no llegues a cubrir las necesidades diarias solo con la alimentación. Muchos estudios muestran que una gran parte de la población no alcanza los niveles recomendados de magnesio, y esto puede ser aún más frecuente en la menopausia.

    Por eso, en la práctica, una suplementación suele ser una herramienta útil para muchas mujeres, especialmente si ya presentan síntomas compatibles con un déficit.

    ¿Cómo saber si tienes deficiencia de magnesio?

    Aunque en teoría se puede realizar un análisis de sangre para medir los niveles de magnesio, en realidad no es fiable, ya que solo refleja el 1 % del magnesio total del cuerpo, el cual se mantiene estable a costa de vaciar las reservas celulares. Así, puedes tener valores normales en sangre y, aun así, estar deficitario a nivel celular.

    Por eso, a menudo es más útil prestar atención a los síntomas:

    • Fatiga o falta de energía persistente.
    • Calambres musculares, sobre todo nocturnos.
    • Nerviosismo, ansiedad, dificultad para relajarse.
    • Problemas de sueño, insomnio o despertares frecuentes.
    • Dolores musculares o sensación de rigidez.
    • Dolores de cabeza o migrañas más frecuentes.

    Precauciones

    Si tienes problemas renales, o si tomas medicamentos como diuréticos, inhibidores de bomba de protones (omeprazol) o ciertos antibióticos, habla con tu farmacéutico o médico antes.

    ¿Cuál es el mejor magnesio para la menopausia?

    Una duda muy frecuente es: « qué tipo de magnesio es mejor para mí”… Y aquí conviene desmontar algunos mitos.

    Mucha gente cree que cada forma de magnesio tiene un efecto específico: que uno sirve solo para dormir, otro para los músculos, otro para los huesos… pero eso es totalmente falso. Al final, lo que importa no es tanto el tipo de magnesio como la cantidad real que llega a tu organismo y cómo lo tolera tu cuerpo. Es decir, los factores clave son:

    • La biodisponibilidad → cuánto magnesio absorbemos realmente.
    • La tolerancia digestiva → si provoca o no molestias como diarrea o hinchazón.

    Por ejemplo, formas como el óxido de magnesio son muy comunes en suplementos baratos, pero tienen una absorción baja y un efecto laxante marcado. En cambio, el bisglicinato o el malato de magnesio ofrecen una buena absorción y suelen ser bien tolerados incluso por personas con estómagos sensibles.

    Nuestra recomendación suele ser el bisglicinato de magnesio. ¿Por qué? Porque combina una excelente biodisponibilidad con una altísima tolerancia digestiva. Además, al estar unido a la glicina (un aminoácido con efecto relajante), potencia el efecto calmante que muchas mujeres buscan en esta etapa.

    Más allá de dejarse llevar por el marketing de « magnesios específicos », lo importante es elegir una forma eficaz, bien absorbida y cómoda para tu cuerpo. El bisglicinato suele ser una de las opciones más completas y seguras para la mayoría de mujeres en menopausia.

  • Magnesio Formag: opiniones, análisis y lo que deberías saber

    Magnesio Formag: opiniones, análisis y lo que deberías saber

    ¿Es bueno el magnesio Formag? Análisis y opiniones

    Publicado el 23/06/2025 – Última actualización el 19/09/2025

    Si estás pensando en tomar magnesio, seguro que ya has visto el nombre Formag. Es un suplemento del laboratorio francés PiLeJe a base de magnesio marino, y es bastante popular en España. Se vende en muchas farmacias y tiendas online, y suele presentarse como una opción natural y eficaz. 

    Ahora bien… eso no significa necesariamente que lo sea. Y con la cantidad de tipos de magnesio que existen, es muy fácil perderse o acabar eligiendo mal.

    No se trata de criticar por criticar. El objetivo aquí no es desprestigiar a PiLeJe ni a su producto, sino entender bien lo que contiene, cómo funciona ese tipo de magnesio y qué deberías tener en cuenta si quieres suplementarte.

    ¿Qué es exactamente el magnesio marino?

    A primera vista, el término suena bastante bien. Magnesio marino da la sensación de algo puro, natural, sacado directamente del mar… Como si estuviéramos tomando un mineral tal cual nos lo da la naturaleza.

    Pero vamos a ser claros: el magnesio marino no es una forma química específica, sino más bien una manera bonita de nombrar una mezcla de diferentes sales de magnesio extraídas del agua del mar. Y eso tiene varias implicaciones importantes.

    ¿Qué formas incluye?

    Si miramos la lista de ingredientes, encontramos algo interesante. En lugar de una forma única de magnesio, el producto contiene una mezcla bajo el nombre comercial Hypro-ri® Mag, que combina:

    • óxido de magnesio marino,
    • y un hidrolizado de proteína de arroz (probablemente como transportador o estabilizante).

    Además, el producto también incluye óxido de magnesio marino como ingrediente separado… lo que sugiere que esta forma es la principal fuente de magnesio del suplemento.

    Mi opinión:

    El óxido de magnesio, aunque ampliamente utilizado en la industria, tiene una de las tasas de absorción más bajas entre todas las formas existentes (alrededor de un 4 %). Es decir, la mayoría del magnesio que contiene acaba siendo eliminado sin ser aprovechado por el cuerpo.

    Por eso se dice que estas formas son poco biodisponibles.

    Así que aunque en la etiqueta aparezca como magnesio marino, en realidad estamos hablando de óxido de magnesio, con todo lo que eso implica a nivel de eficacia y tolerancia.

    ¿Y entonces, por qué se usa?

    La realidad es que el óxido de magnesio es económico de fabricar, permite un etiquetado atractivo como « marino » o « natural », y resulta comercialmente atrayente. Sin embargo, estas ventajas de marketing no se traducen necesariamente en beneficios reales para tu salud.

    El problema es que muchas personas no lo saben. Compran un suplemento que pone marino en grande, lo asocian con algo sano, lo prueban… y se decepcionan. O peor, piensan que el magnesio en general no les funciona, cuando en realidad el problema está en la forma elegida.

    ¿Tiene efectos secundarios?

    Sí, y no son tan raros. Las formas inorgánicas como el óxido o el hidróxido pueden provocar efectos laxantes. También son más propensas a generar:

    • gases
    • malestar estomacal
    • o incluso diarrea leve en personas sensibles

    De hecho, a menudo se recetan en casos de estreñimiento… Pero si lo que realmente buscas es mejorar tus niveles de magnesio en sangre, reforzar tu sistema nervioso o muscular, entonces estos efectos secundarios son más una molestia que una ventaja.

    ¿Qué tipo de magnesio elegir?

    Antes de todo, hay algo que conviene aclarar: esa idea de que cada tipo de magnesio sirve para algo distinto… es, en realidad, más marketing que ciencia..

    Lo que cambia entre los diferentes tipos de magnesio no es tanto su función en el cuerpo (porque el magnesio siempre es magnesio, sea cual sea la sal con la que se combina), sino su capacidad de absorción y su tolerancia digestiva.

    Los más recomendables

    Los que han demostrado tener una mejor biodisponibilidad (= llegan realmente a las células) y que no generan molestias digestivas son:

    • Bisglicinato de magnesio
    • Citrato de magnesio
    • Malato de magnesio

    (Hay otros, pero estos son los principales, disponibles en casi todas partes a precios razonables).

    En cambio, otras formas como el óxido, el cloruro, el sulfato, el carbonato o el hidróxido son mucho más difíciles de asimilar, y suelen acabar en el inodoro. Literalmente.

    ¿Por qué todo el mundo les atribuye beneficios específicos?

    Es cierto que a veces se habla del « efecto añadido » del ligando (por ejemplo, la glicina en el bisglicinato o el malato en el malato de magnesio). Pero la cantidad de ese ligando presente en el suplemento es muy pequeña, y su impacto real en el organismo es, siendo honestos, mínimo.

    Así que no te líes demasiado con eso. Lo que de verdad importa es:

    • que la forma se absorba bien,
    • que no te siente mal al estómago,
    • y que esté fabricada con una materia prima de calidad.

    Porque sí: no todos los bisglicinatos ni todos los citratos son iguales.

    ¿Cómo elegir un buen suplemento de magnesio?

    1. La calidad de la materia prima

    Pongamos un ejemplo: dos suplementos dicen contener bisglicinato de magnesio.En teoría, deberían funcionar igual… pero en la práctica, no lo hacen.

    ¿Por qué? Porque la calidad de la materia prima varía muchísimo según el fabricante. Algunos usan sales de magnesio bien estabilizadas, con buena pureza, 100% queladas (y no solo en la etiqueta). Otros, en cambio, utilizan mezclas mal formuladas que apenas aportan diferencia respecto a un citrato barato.

    Y claro, eso no se nota solo con leer la etiqueta. Por eso, siempre es mejor optar por marcas que:

    • indican claramente el origen de sus materias primas (por ejemplo: bisglicinato de magnesio Albion®),
    • explican su proceso de fabricación,
    • y no esconden la dosis elemental real de magnesio (porque no es lo mismo 300 mg de bisglicinato que 300 mg de magnesio elemental).

    2. Los excipientes

    Mucha gente se fija solo en el principio activo, pero los excipientes también cuentan.

    Colorantes, conservantes, antiaglomerantes… Algunos suplementos están llenos de sustancias que no aportan nada útil y que incluso pueden provocar intolerancias en personas sensibles.

    ¿Lo ideal? Buscar un producto:

    • con la menor cantidad de excipientes posible,
    • sin dióxido de titanio, ni colorantes innecesarios,
    • y si puede ser, con cápsulas vegetales en lugar de comprimidos industriales duros como piedras.

    3. La transparencia de la marca

    No todas las marcas son igual de claras. Algunas no detallan todo, y eso ya debería hacerte sospechar.

    Un buen suplemento debe decir lo que lleva, cuánto lleva, y por qué lo lleva. Sin promesas mágicas, sin nombres raros, y sin disfrazar datos.

    Conclusión: ¿Formag es una buena opción?

    Formag no es un mal suplemento. Es accesible, tiene buena presencia en farmacias, y puede resultar útil para personas que no presentan molestias digestivas ni problemas de absorción.

    Pero si lo que buscas es un magnesio eficaz, bien absorbido y con buena tolerancia, lo cierto es que hay alternativas mejores.

    La forma marina de magnesio (que es la base de Formag) se presenta como natural pero en realidad contiene sales inorgánicas poco biodisponibles, como el óxido y el hidróxido de magnesio. Además, es frecuente que cause molestias digestivas, lo que puede llevar a abandonar el suplemento antes de tiempo.

    Si quieres una suplementación real, duradera y efectiva, vale la pena:

    • Elegir una forma mejor absorbida (como el bisglicinato o el malato),
    • Prestar atención a la calidad de la materia prima,
    • Y elegir marcas que sean claras, honestas y que cuiden los detalles.
  • ¿Para qué sirve el magnesio en las mujeres con menopausia?

    ¿Para qué sirve el magnesio en las mujeres con menopausia?

    Magnesio en la menopausia: para qué sirve y cómo puede ayudarte

    Publicado el 20/06/2025 – Última actualización el 20/09/2025

    No es extraño que hayas oído hablar del magnesio últimamente. Este mineral esencial está despertando mucho interés por su posible papel en el bienestar durante la menopausia. Sin embargo, es normal que tengas dudas: ¿realmente lo necesito? ¿Es eficaz? ¿Cómo puede ayudarme?

    Beneficios del magnesio durante la menopausia

    No estamos hablando de un remedio milagroso, pero sí de un mineral con múltiples funciones clave que, bien cubiertas, pueden mejorar tu bienestar diario.

    Mejor sueño y descanso

    Muchas mujeres notan que duermen peor durante la menopausia: dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos, insomnio… El magnesio ayuda a relajar el sistema nervioso y favorece la producción de melatonina, la hormona del sueño. Esto puede traducirse en un sueño más profundo y reparador. ¿Es una solución definitiva? No. Pero puede ser un apoyo interesante.

    Menos ansiedad y mejor estado de ánimo

    Los cambios hormonales afectan a los neurotransmisores que regulan el ánimo. El magnesio actúa como un modulador natural del estrés, ayudando a reducir la ansiedad, la irritabilidad y las alteraciones del humor.

    Muchas mujeres describen que, al mejorar sus niveles de magnesio, se sienten más tranquilas y capaces de gestionar mejor las emociones diarias.

    Reducción de calambres y dolores musculares

    La falta de magnesio puede provocar calambres nocturnos, espasmos musculares y sensación de rigidez. Durante la menopausia, estos síntomas pueden intensificarse.

    Asegurar un buen aporte de magnesio ayuda a mantener la función muscular y prevenir estas molestias.

    Protección de la salud ósea

    Con la disminución de estrógenos, la pérdida de densidad ósea se acelera. El magnesio, junto con el calcio y la vitamina D, desempeña un papel esencial en la formación y mantenimiento de los huesos.

    Aunque no sustituye a otros tratamientos, sí puede contribuir a prevenir la osteoporosis.

    Apoyo cardiovascular

    El magnesio ayuda a regular la tensión arterial y el ritmo cardíaco. En la menopausia, cuando aumenta el riesgo cardiovascular, mantener unos niveles adecuados de magnesio es una estrategia adicional para proteger el corazón.

    ¿Y los sofocos?

    Aquí conviene ser claros: los estudios no han demostrado de forma contundente que el magnesio reduzca directamente los sofocos. Sin embargo, al mejorar la calidad del sueño y reducir el estrés, algunas mujeres sienten que los síntomas vasomotores se vuelven más llevaderos.

    ¿Por qué falta magnesio en la menopausia?

    De por sí, el magnesio es uno de los nutrientes de los que más carecemos: lo necesitamos en grandes cantidades y pocos alimentos lo contienen en cantidades significativas.

    Pero durante la menopausia, hay ciertos factores que hacen que tendamos a tener aún más déficit de lo habitual…

    1. Cambios en la alimentación

    Con el paso de los años, muchas personas tienden a comer menos —y, a veces, peor. La reducción del apetito, dietas restrictivas, o simplemente la falta de tiempo para preparar comidas equilibradas pueden reducir la ingesta de magnesio. Además, alimentos ultraprocesados, azucarados o refinados (que abundan en nuestra dieta actual) apenas contienen magnesio.

    2. Menor absorción intestinal

    A medida que envejecemos, nuestro intestino pierde eficacia para absorber ciertos nutrientes, entre ellos el magnesio. Es decir, aunque comas igual que antes, tu cuerpo puede estar aprovechando menos de lo que ingieres.

    3. Pérdidas aumentadas por el estrés

    El estrés crónico, tan común en esta etapa por los cambios vitales y hormonales, aumenta la excreción de magnesio por la orina. En resumen: cuanto más estrés, más magnesio gastas… y más difícil es reponerlo solo con la dieta.

    4. Cambios hormonales

    La bajada de estrógenos y progesterona que caracteriza la menopausia influye indirectamente en el equilibrio de minerales, incluyendo el magnesio. Aunque los niveles en sangre pueden parecer normales, los depósitos en los tejidos pueden estar bajos, lo que contribuye a síntomas como fatiga, calambres o nerviosismo.

    Viendo la falta de opciones fiables en el mercado,  decidí crear el mío. 

    « Un magnesio con la calidad que yo mismo busco como nutricionista« 

    __CONFIG_colors_palette__{« active_palette »:0, »config »:{« colors »:{« af076 »:{« name »: »Main Accent », »parent »:-1}, »25d4d »:{« name »: »Accent Tone », »parent »: »af076″, »lock »:{« saturation »:0, »lightness »:0}}}, »gradients »:[]}, »palettes »:[{« name »: »Default Palette », »value »:{« colors »:{« af076 »:{« val »: »rgb(240, 90, 32) »}, »25d4d »:{« val »: »rgb(255, 113, 97) », »hsl_parent_dependency »:{« h »:6, »l »:0.69, »s »:1}}}, »gradients »:[]}, »original »:{« colors »:{« af076 »:{« val »: »rgb(19, 114, 211) », »hsl »:{« h »:210, »s »:0.83, »l »:0.45, »a »:1}}, »25d4d »:{« val »: »rgb(62, 183, 252) », »hsl_parent_dependency »:{« h »:201, »s »:0.96, »l »:0.61, »a »:1}}}, »gradients »:[]}}]}__CONFIG_colors_palette__ Ver el producto magnesio soleri

    Entonces ¿es bueno tomar magnesio en la menopausia?

    Salvo que tengas una dieta muy cuidada (rica en verduras de hoja verde, legumbres, frutos secos y cereales integrales), lo más probable es que no llegues a cubrir las necesidades diarias solo con la alimentación. Muchos estudios muestran que una gran parte de la población no alcanza los niveles recomendados de magnesio, y esto puede ser aún más frecuente en la menopausia.

    Por eso, en la práctica, una suplementación suele ser una herramienta útil para muchas mujeres, especialmente si ya presentan síntomas compatibles con un déficit.

    ¿Cómo saber si tienes deficiencia de magnesio?

    Aunque en teoría se puede realizar un análisis de sangre para medir los niveles de magnesio, en realidad no es fiable, ya que solo refleja el 1 % del magnesio total del cuerpo, el cual se mantiene estable a costa de vaciar las reservas celulares. Así, puedes tener valores normales en sangre y, aun así, estar deficitario a nivel celular.

    Por eso, a menudo es más útil prestar atención a los síntomas:

    • Fatiga o falta de energía persistente.
    • Calambres musculares, sobre todo nocturnos.
    • Nerviosismo, ansiedad, dificultad para relajarse.
    • Problemas de sueño, insomnio o despertares frecuentes.
    • Dolores musculares o sensación de rigidez.
    • Dolores de cabeza o migrañas más frecuentes.

    Precauciones

    Si tienes problemas renales, o si tomas medicamentos como diuréticos, inhibidores de bomba de protones (omeprazol) o ciertos antibióticos, habla con tu farmacéutico o médico antes.

    ¿Cuál es el mejor magnesio para la menopausia?

    Una duda muy frecuente es: « qué tipo de magnesio es mejor para mí”… Y aquí conviene desmontar algunos mitos.

    Mucha gente cree que cada forma de magnesio tiene un efecto específico: que uno sirve solo para dormir, otro para los músculos, otro para los huesos… pero eso es totalmente falso. Al final, lo que importa no es tanto el tipo de magnesio como la cantidad real que llega a tu organismo y cómo lo tolera tu cuerpo. Es decir, los factores clave son:

    • La biodisponibilidad → cuánto magnesio absorbemos realmente.
    • La tolerancia digestiva → si provoca o no molestias como diarrea o hinchazón.

    Por ejemplo, formas como el óxido de magnesio son muy comunes en suplementos baratos, pero tienen una absorción baja y un efecto laxante marcado. En cambio, el bisglicinato o el malato de magnesio ofrecen una buena absorción y suelen ser bien tolerados incluso por personas con estómagos sensibles.

    Nuestra recomendación suele ser el bisglicinato de magnesio. ¿Por qué? Porque combina una excelente biodisponibilidad con una altísima tolerancia digestiva. Además, al estar unido a la glicina (un aminoácido con efecto relajante), potencia el efecto calmante que muchas mujeres buscan en esta etapa.

    Más allá de dejarse llevar por el marketing de « magnesios específicos », lo importante es elegir una forma eficaz, bien absorbida y cómoda para tu cuerpo. El bisglicinato suele ser una de las opciones más completas y seguras para la mayoría de mujeres en menopausia.

  • ¿El lúpulo sirve para dormir mejor? Lo que dice la ciencia

    ¿El lúpulo sirve para dormir mejor? Lo que dice la ciencia

    Problemas para dormir: cómo te puede ayudar el lúpulo

    Publicado el 13/06/2025 – Última actualización el 13/06/2025

    Si últimamente te cuesta dormir, debes saber que existen soluciones naturales eficaces. Entre infusiones, pastillas y remedios caseros, el lúpulo se presenta como una posible opción.

    Vamos a ver qué dice la ciencia sobre el lúpulo y el sueño: cómo actúa en el organismo, cómo se puede consumir y cuándo puede ser útil…

    El lúpulo para dormir: ¿funciona de verdad?

    Se utiliza desde hace siglos para calmar los nervios, reducir la ansiedad y facilitar el sueño. Y no solo en forma de infusión: antiguamente, en algunos pueblos, se rellenaban almohadas con conos de lúpulo para aprovechar su aroma relajante.

    Pero más allá de las tradiciones, también hay estudios modernos que han intentado responder a esta misma pregunta: ¿sirve de algo tomar lúpulo para dormir mejor?

    Y la buena noticia es que sí, hay evidencias.

    ➜ Si lo que te pasa es que estás pasando por una época de ansiedad, duermes mal por preocupaciones o tienes el típico insomnio puntual, el lúpulo puede contribuir a relajar el cuerpo y preparar la mente para el descanso.

    ¿Cómo actúa el lúpulo en el cuerpo?

    • Calma el sistema nervioso

    Imagina que tu cerebro tiene un pedal de freno y otro de acelerador. Cuando estás nervioso o estresado, el acelerador se pisa a fondo: pensamientos que no paran, tensión muscular, el corazón más rápido… dormir en ese estado es casi misión imposible. Pues bien, el lúpulo actúa como un suave freno natural.

    Esto se debe a que influye sobre un neurotransmisor llamado GABA (ácido gamma-aminobutírico), que es como un tranquilizante que produce tu propio cuerpo. El GABA ayuda a calmar la actividad cerebral, reduce la ansiedad y favorece la relajación. Y el lúpulo, al parecer, estimula este sistema de forma natural, ayudando a que tu cuerpo entre en modo descanso más fácilmente.

    • Puede influir en los ritmos del sueño

    Además, contiene ciertos compuestos que pueden tener un ligero efecto parecido al de la melatonina (la hormona que regula el sueño…). Eso explicaría por qué algunas personas no solo se duermen antes, sino que también se despiertan menos durante la noche.

    • Su aroma también relaja

    Y por si fuera poco, el lúpulo también tiene un aroma relajante, que al inhalarse (por ejemplo, en una infusión o en una almohada con conos secos) puede contribuir a crear un ambiente más propicio para dormir.

    ¿Solo o acompañado?

    Muchos de los estudios más interesantes no lo han analizado aislado, sino combinado con otras plantas, sobre todo la valeriana.

    Lúpulo + valeriana: una pareja con potencial

    Varios ensayos clínicos han mostrado que esta combinación puede reducir el tiempo que tardas en dormirte y mejorar la calidad del sueño. Incluso ha funcionado mejor que la valeriana sola. Es decir, el lúpulo añade un plus.

    Además, esta mezcla tiene algo que muchos buscan:

    • No deja resaca mental por la mañana.
    • No crea dependencia.
    • Y se puede tomar durante varias semanas sin problemas.

    Otras combinaciones interesantes:

    • Melisa, ideal para calmar la mente agitada.
    • Pasiflora, muy útil en casos de ansiedad.
    • Amapola de California, que ayuda a reducir los despertares nocturnos.

    ¿Y el lúpulo solo, qué tal?

    También hay estudios donde se ha probado solo, por ejemplo en forma de extracto o incluso como ingrediente principal de la cerveza sin alcohol. En esos casos, se ha visto una mejora en la conciliación del sueño y una disminución del estrés, especialmente en personas con ritmos alterados (como quienes trabajan por turnos).

    Ahora bien, el efecto por sí solo es más suave, y puede que no sea suficiente si tienes un insomnio más persistente.

    ¿Cómo tomar lúpulo para dormir mejor?

    Vamos a ver las opciones más comunes y cómo sacarles el máximo partido.

    1. En infusión

    Es la forma tradicional: se usan los conos secos (las flores), que se infusionan como cualquier otra planta. Ideal si te gusta el ritual de una infusión caliente por la noche y buscas algo suave y natural…

    • ¿Cómo se prepara? Una cucharadita de conos secos por taza, agua muy caliente, 10–15 minutos de reposo y listo.
    • ¿Cuándo tomarla? Unos 30–60 minutos antes de acostarte.
    • ¿El sabor? Bastante amargo. Puedes suavizarlo con miel o combinarlo con otras plantas como tila, melisa o manzanilla.

    2. En cápsulas

    Perfecto si prefieres algo rápido, eficaz y sin sabor. Suelen contener extractos secos estandarizados (más concentrados que la planta entera).

    • Dosis habitual: entre 100 y 500 mg de extracto al día, repartidos o en una sola toma.
    • Momento ideal: unos 30 minutos antes de dormir.
    • Solo o en combinación: muchas fórmulas incluyen también valeriana, pasiflora, melisa o incluso melatonina.

    3. En gotas

    Los llamados extractos hidroalcohólicos (o tinturas). Se toman diluidos en agua, y el cuerpo los absorbe muy rápido, pero tienen un sabor fuerte…

    • Dosis típica: entre 20 y 40 gotas, según el producto.
    • Algunas personas prefieren evitarlos por su contenido en alcohol.

    ¿Durante cuánto tiempo?

    El lúpulo se puede tomar de forma puntual (cuando lo necesites) o en ciclos de varias semanas. No es adictivo ni crea dependencia.

    Conclusión: ¿a quién puede ayudar realmente el lúpulo?

    La realidad es que no todo el mundo necesita lo mismo para dormir mejor. Y aunque el lúpulo es una opción natural, segura y con efectos reales, no es una varita mágica.

    ✅ Casos en que te puede ayudar:

    • Si te cuesta conciliar el sueño por estrés, nervios o mil pensamientos antes de dormir.
    • Si atraviesas una época de cambios, preocupaciones o ansiedad ligera.
    • Si duermes mal de forma puntual y buscas una ayuda natural, sin efectos secundarios raros.
    • Si prefieres evitar pastillas más fuertes y quieres empezar por algo suave.
    • Si te gusta crear un ritual relajante por la noche (infusión, luz tenue, respiraciones…).

    ❌ Casos en que no es suficiente:

    • Si llevas meses con insomnio severo o te despiertas varias veces cada noche.
    • Si ya has probado muchas cosas y nada parece funcionar.
    • Si tienes problemas de salud mental más profundos (ansiedad crónica, depresión, etc.).

    Para dormir mejor, cuida también:

    • tus rutinas (acostarte a la misma hora, evitar pantallas antes de dormir…),
    • tu entorno (temperatura, luz, ruido),
    • y lo que haces durante el día (evitar estimulantes, hacer algo de ejercicio…).
  • Dieta y salud: claves para vivir mejor y prevenir enfermedades

    Dieta y salud: claves para vivir mejor y prevenir enfermedades

    Por qué una alimentación saludable es tu mejor medicina

    Publicado el 09/06/2025 – Última actualización el 09/06/2025

    Comer es un acto cotidiano. Tan automático, que a veces olvidamos lo poderoso que puede llegar a ser. No solo calma el hambre: también influye en cómo piensas, cómo duermes, cómo vives… y cómo envejeces.

    Lo curioso es que muchas veces no nos damos cuenta de ese poder hasta que algo empieza a fallar.

    Este texto no pretende darte una lista mágica de lo que hay que hacer, sino ayudarte a mirar la comida con otros ojos. Entender qué puede aportarte…

    La nutrición es un pilar fundamental de la salud

    A veces pensamos que comer bien es solo cuestión de mantenernos en forma o de « estar más sanos », así en general. Pero la realidad va mucho más allá. La dieta no solo influye en cómo te ves, sino en cómo funciona tu cuerpo por dentro. Es, literalmente, una herramienta de prevención frente a algunas de las enfermedades más graves de nuestro tiempo.

    ¿Sabías que enfermedades como el cáncer, la diabetes tipo 2, el alzhéimer o los problemas cardiovasculares representan más del 70 % de las muertes en el mundo?

    Son cifras que asustan, pero también motivan. Porque lo que comemos puede ayudarnos a reducir ese riesgo de forma considerable.

    Por ejemplo, seguir una dieta basada en plantas (rica en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales) se ha relacionado con una menor probabilidad de sufrir hipertensión o diabetes. Y esto es especialmente interesante si tienes antecedentes familiares.

    Otro ejemplo muy conocido es la dieta mediterránea: con aceite de oliva, pescado, hortalizas frescas y frutos secos. Pues bien, los estudios la señalan como una de las más eficaces para cuidar el corazón y controlar el azúcar en sangre.

    Pero no se trata solo de lo que comes… sino también de lo que evitas. 

    Los alimentos ultraprocesados, las grasas saturadas, los azúcares refinados… todo eso puede jugarte una mala pasada si forman parte habitual de tu dieta. De hecho, se ha demostrado que un mayor IMC (índice de masa corporal) se asocia con un riesgo mucho más alto de enfermedades renales a largo plazo. Y eso no es poca cosa.

    Nutrición y longevidad: vivir más y mejor

    ¿Quién no quiere vivir más años… pero con calidad de vida? Porque no se trata solo de sumar velas al pastel, sino de llegar bien: con energía, con lucidez, disfrutando de cada etapa. Y aquí es donde la alimentación juega un papel importante, aunque a veces no se le dé la importancia que merece.

    Según varios estudios científicos, seguir una dieta equilibrada puede alargar tu vida hasta 10 años. Suena a promesa de anuncio, lo sé, pero los datos están ahí. Lo más interesante es que este beneficio no depende de seguir un plan milagroso, sino de hacer pequeños cambios sostenidos: reducir carnes procesadas, aumentar los cereales integrales, los frutos secos, las frutas y las verduras… vamos, lo que nuestras abuelas ya sabían.

    ¿Y si ya tienes 40, 50 o incluso 70 años? Pues aún estás a tiempo. Una investigación reciente demostró que incluso adoptando hábitos saludables más tarde en la vida, puedes ganar entre 4 y 5 años extra. No está nada mal, ¿verdad?

    Además, no solo se trata de vivir más, sino de hacerlo con menos enfermedades crónicas, con un sistema inmune más fuerte, y con menos dolores o achaques típicos del paso del tiempo. En otras palabras: una buena alimentación no te hace inmortal, pero sí puede ayudarte a evitar años de sufrimiento.

    Así que, la próxima vez que pienses que “ya es tarde para cambiar”, recuerda esto: tu cuerpo siempre responde cuando lo cuidas. Y cada comida saludable que eliges es una pequeña inversión en años de vida.

    La influencia de la alimentación en nuestras funciones vitales

    Puede que no lo notes de forma inmediata, pero lo que comes afecta a cada rincón de tu cuerpo. No hablamos solo de energía para aguantar el día, sino de procesos mucho más profundos: cómo te defiendes de virus, cómo piensas, cómo gestionas el estrés… incluso cómo duermes

    Sistema inmunitario: tu escudo necesita buenos nutrientes

    Tu cuerpo no puede defenderse solo. Necesita materia prima, y esa materia prima viene directamente de los nutrientes.

    • Las proteínas, los grasas y los carbohidratos aportan energía para crear nuevas células de defensa. 
    • Pero el verdadero superpoder lo tienen los micronutrientes: vitaminas como la D, la A, la C, y minerales como el hierro o el selenio son los que regulan la respuesta inmunitaria.

    + No olvides el intestino. Las células intestinales actúan como sensores: detectan lo que comes y dan la señal al sistema inmunitario. Si lo que comes es de calidad, el cuerpo responde con equilibrio. Si no… pues ya te imaginas.

    Mente y alimentación: una conexión más fuerte de lo que parece

    ¿Te has sentido alguna vez más irritable o decaído después de varios días comiendo mal? No es casualidad. El cerebro también se alimenta, y lo que le das influye en cómo te sientes. El magnesio, la vitamina B6 o la D están directamente relacionados con el estado de ánimo. Niveles bajos de estos nutrientes se asocian con ansiedad, tristeza e incluso insomnio.

    Además, hay un eje muy curioso y potente: el intestino y el cerebro están conectados. Lo que pasa en uno, afecta al otro. Por eso, una dieta rica en fibra, antioxidantes y probióticos no solo mejora tu digestión, sino también tu estado emocional. ¿Has oído hablar de la serotonina, la « hormona de la felicidad »? Pues una gran parte se produce en el intestino.

    Inflamación y enfermedades crónicas: cómo la alimentación puede marcar la diferencia

    ¿Te suena eso de « estar inflamado »? No hablamos aquí de una digestión pesada o de sentirte hinchado después de comer. Hablamos de una inflamación silenciosa, crónica, que va desgastando el cuerpo poco a poco sin que te des cuenta… hasta que aparece alguna enfermedad.

    ¡Lo que comes puede ser la causa o la solución!

    Alimentos que apagan el fuego

    Hay alimentos que tienen el poder de calmar esa inflamación interna. ¿Cuáles son? Los de siempre: frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos… Estos alimentos están llenos de compuestos bioactivos (como los flavonoides) que ayudan contra la inflamación.

    Uno de los mejores ejemplos es el famoso régimen mediterráneo. No es solo una moda ni una etiqueta bonita: es un estilo de alimentación que ha demostrado reducir la inflamación y, con ello, el riesgo de enfermedades del corazón, diabetes tipo 2 o incluso ciertos tipos de cáncer.

    ¿Y qué es lo que la provoca?

    Por otro lado, hay alimentos que echan leña al fuego: carnes rojas procesadas, grasas saturadas, azúcares refinados, bollería industrial… Vamos, todo eso que solemos asociar con la comida rápida y el picoteo sin control.

    Tomarlos de forma ocasional no es el problema, pero cuando forman parte habitual de tu dieta, el cuerpo entra en estado de alerta constante. Y eso pasa factura.

    El papel clave del omega 3

    Aquí hay que hacer una mención especial a los omega 3. Los encuentras sobre todo en pescados azules como el salmón o la sardina.

    ¿Su función? Reducir la inflamación, regular los niveles de colesterol y triglicéridos, y ayudar a tu cuerpo a recuperarse mejor. Además, favorecen la producción de moléculas antiinflamatorias naturales que ayudan a apagar el proceso inflamatorio cuando ya no es necesario.

    Como hay pocos los alimentos que aportan omega 3, y que el omega 6 está sobrerrepresentado en nuestra dieta, muchas personas tienen un déficit. A menudo es aconsejable tomar suplementos para aportar EPA y DHA. El problema es que muchos de los productos disponibles en el mercado son de muy mala calidad y/o se han almacenado en malas condiciones, por lo que pierden su eficacia.

    Deficiencias nutricionales y riesgos para la salud

    No hace falta vivir en una situación extrema ni pasar hambre para tener carencias nutricionales. De hecho, muchas veces están ahí en silencio y las confundimos con el estrés del día a día o el cansancio acumulado.

    ¿Te suena eso de estar siempre cansado, tener la cabeza como en una nube o notar que te falta energía sin razón aparente? Pues puede que tu cuerpo te esté pidiendo ayuda.

    Señales de alerta que no deberías ignorar

    Tu cuerpo es sabio y suele avisar cuando algo va mal. Fatiga constante, piel seca, debilidad muscular, caída del pelo, dificultad para concentrarte… todos estos pueden ser síntomas de déficits en vitaminas y minerales esenciales. Por ejemplo:

    • Falta de hierro: puede llevar a anemia, con sus famosos mareos y palidez.
    • Déficit de vitamina D: debilita los huesos y afecta al sistema inmune.
    • Falta de B12: problemas neurológicos, sobre todo si sigues una dieta vegetariana o vegana.
    • Poca vitamina C o zinc: sistema inmune más flojo, peor cicatrización.

    Las carencias también afectan al estado de ánimo. La falta de magnesio o omega 3, por ejemplo, puede favorecer la ansiedad o el desánimo. Comer mal no solo te agota… también puede hacerte ver todo más gris.

    ¿De dónde vienen estas carencias?

    Generalmente, la causa está en una dieta desequilibrada: demasiado procesado, poca variedad, comidas rápidas, pocas verduras, frutas o proteínas de calidad.

    A veces también influyen problemas digestivos que dificultan la absorción, pero en la mayoría de los casos, el problema está en lo que ponemos (o no ponemos) en el plato.

    Por eso, no se trata de comer más, sino de comer mejor. Y sobre todo, de comer con conciencia. Diversificar, combinar bien los alimentos, y no eliminar grupos enteros “porque lo has visto en redes”.

    Riesgos reales si no se corrige a tiempo

    Las carencias mantenidas en el tiempo pueden desembocar en problemas serios: desde enfermedades cardiovasculares, hasta diabetes, trastornos cognitivos o del sistema nervioso. Y en algunos países, la malnutrición es una de las principales causas de mortalidad infantil.

    Por eso, más vale prevenir que lamentar. Escucha tu cuerpo, cuídalo…

    Nutrición y rendimiento físico: cómo alimentarte para dar lo mejor de ti

    No hace falta ser deportista de élite para preocuparse por el rendimiento físico. Da igual si vas al gimnasio, haces yoga, sales a correr o simplemente quieres subir las escaleras sin quedarte sin aire.

    Macronutrientes: el trío que mueve tu cuerpo

    Tu cuerpo funciona con tres grandes tipos de nutrientes: hidratos de carbono, proteínas y grasas. Cada uno tiene su papel, y todos son igual de importantes si sabes cómo combinarlos.

    • Hidratos de carbono: son tu fuente principal de energía. Cuando haces ejercicio, es lo primero que quema tu cuerpo. Sin ellos, te falta gasolina.
    • Proteínas: son como los “ladrillos” que reconstruyen tus músculos después del esfuerzo. Ayudan a recuperarte y a ganar fuerza.
    • Grasas saludables: no hay que tenerles miedo. Te dan energía sostenida, equilibran tus hormonas y ayudan a absorber vitaminas como la A, D, E y K.

    ¿Conclusión? No se trata de eliminar, sino de saber elegir y dosificar.

    Hidratación: el factor olvidado

    ¿Sabías que una deshidratación leve puede reducir tu rendimiento físico sin que te des cuenta? Dolores de cabeza, calambres, fatiga prematura… A veces no es que estés “en baja forma”, sino simplemente que te falta agua.

    Y ojo: cuando sudas, no solo pierdes agua, sino también electrolitos (como el sodio o el potasio) que son clave para que tus músculos funcionen bien. Por eso, beber a lo largo del día —y no solo cuando ya tienes sed— es fundamental.

    Tu intestino también juega en tu equipo

    Sí, otra vez el intestino. Parece que está en todos lados, ¿verdad? Pues es que lo está. Un microbiota sano (esas bacterias buenas que viven dentro de ti) mejora tu digestión, reduce la inflamación y potencia tu recuperación después del esfuerzo.

    De hecho, algunos estudios muestran que tomar probióticos mejora el rendimiento en deportes de resistencia. Así que, cuidar tu alimentación también es cuidar a esos pequeños aliados que trabajan en silencio.

    Dietas según el objetivo: no hay una única fórmula

    Hay quien rinde mejor con una dieta rica en hidratos, otros con una más proteica… y algunos notan cambios reales al reducir ultraprocesados o lactosa. Lo importante es entender que no existe una dieta perfecta para todos. Tu deporte, tu cuerpo y tus objetivos mandan.

    Por ejemplo, muchos deportistas vegetarianos tienen menor masa grasa sin perder rendimiento. Otros, con una alimentación más mixta, ganan músculo con más facilidad. ¿Qué significa esto? Que lo importante es conocer tu cuerpo y adaptar tu dieta a ti, no al revés.

    Nutrición personalizada: adaptar lo que comes a lo que realmente necesitas

    ¿Y si te dijera que la misma dieta que a tu amiga le sienta de maravilla, a ti te puede dejar sin energía o con el estómago revuelto? Suena injusto, lo sé, pero tiene sentido: cada cuerpo es un mundo, y la ciencia ya lo está confirmando.

    Bienvenidos al mundo de la nutrición personalizada…

    Tu ADN también tiene algo que decir

    Gracias a los avances en nutrigénomica, hoy sabemos que nuestros genes influyen en cómo metabolizamos los alimentos. Por ejemplo, hay personas que tienen una predisposición genética a almacenar más grasa con una dieta rica en carbohidratos, mientras que otras los procesan sin problema. O casos en los que el cuerpo absorbe menos ciertas vitaminas o minerales… aunque la dieta sea equilibrada.

    Esto significa que las recomendaciones generales no sirven para todos.

    Sí, hay pautas saludables comunes, pero ajustar tu alimentación a tu perfil genético puede marcar la diferencia, sobre todo si tienes factores de riesgo como hipertensión, obesidad o colesterol alto.

    Prevención personalizada de enfermedades

    La ciencia lo deja claro: adaptar la dieta a tu biología mejora la eficacia de la prevención. Por ejemplo, estudios recientes han demostrado que una alimentación ajustada al perfil genético puede reducir la tensión arterial y mejorar los indicadores cardiovasculares mucho más que una dieta estándar.

    En otras palabras: conocer cómo funciona tu cuerpo por dentro te ayuda a cuidarlo mejor…

    Suplementos alimenticios: apoyo útil, pero no sustituto mágico

    Con tanta oferta y mensajes contradictorios, es normal preguntarse: ¿realmente los necesito?

    Los suplementos alimenticios pueden ser un buen complemento cuando la dieta no alcanza. Imagina que tienes déficit de vitamina D porque pasas poco tiempo al sol, o que te cuesta cubrir tus necesidades de hierro, magnesio, omega 3 o B12… En esos casos, un suplemento bien elegido puede valer la pena.

    También en situaciones puntuales como:

    • Personas mayores con problemas de absorción
    • Mujeres embarazadas o en periodo de lactancia
    • Deportistas con entrenamientos exigentes
    • Dietas restrictivas (vegetarianas, veganas, sin gluten…)

    Pero en ningún caso sustituyen una alimentación equilibrada.

    Apoyo real para deportistas

    En el mundo del deporte, los suplementos pueden ser aliados clave para la recuperación muscular y el rendimiento. Por ejemplo:

    • Proteínas en polvo: ideales para reconstruir tejido muscular tras el esfuerzo.
    • Creatina: mejora la fuerza y la explosividad.
    • Vitaminas y minerales: ayudan a mantener el equilibrio energético y a reforzar el sistema inmune.

    Para los más vulnerables, un pequeño empujón

    En ciertos grupos, los suplementos pueden jugar un papel preventivo. Por ejemplo:

    • Vitamina B12 para vegetarianos o mayores
    • Omega 3 para personas con riesgo cardiovascular
    • Calcio y vitamina D para mujeres postmenopáusicas

    Calidad, dosis y sentido común

    No todos los suplementos del mercado son iguales. Algunos tienen dosis excesivas o ingredientes dudosos. Por eso, es importante elegir productos de calidad, con buen etiquetado y avalados por estudios.

  • Qué es mejor ¿la biotina o la cistina?

    Qué es mejor ¿la biotina o la cistina?

    Biotina o cistina: ¿cuál es mejor para tu pelo?

    Publicado el 06/06/2025 – Última actualización el 06/06/2025

    Si has llegado aquí, seguramente sea porque últimamente notas que se te cae más el pelo de lo normal. Lo tienes más fino, débil, o se rompe con facilidad… Muchas mujeres y hombres pasan por épocas en las que su melena ya no se ve como antes.

    Y cuando se busca una solución natural, hay dos ingredientes que suelen destacar: la biotina y la L-cistina. Se encuentran en champús, suplementos, productos para el cuidado del cabello… pero, ¿qué hacen exactamente? ¿Funcionan de verdad? ¿Cuál es mejor para ti?

    Biotina: ¿realmente útil o solo si hay carencia?

    La biotina (también conocida como vitamina B7, B8, o vitamina H) se ha ganado la fama de ser la vitamina del cabello. ¿Está justificada esa reputación?

    ¿Qué hace exactamente la biotina en el cuerpo?

    Ayuda a que nuestras células utilicen correctamente los nutrientes que comemos, especialmente los ácidos grasos, los carbohidratos y ciertos aminoácidos. Y como el folículo piloso (la raíz del pelo) es una de las estructuras que más actividad metabólica tiene… pues sí, la biotina también participa ahí.

    En resumen: sin suficiente biotina, el cabello no crece bien (pero eso no significa que más biotina = más pelo).

    ¿Qué pasa si te falta biotina?

    Cuando hay una carencia real de biotina (por ejemplo, en personas con dietas restrictivas, problemas intestinales, embarazadas o que toman ciertos medicamentos), los síntomas pueden ser bastante claros: caída del cabello, uñas frágiles, fatiga, piel escamosa… En esos casos, suplementar con biotina ayuda mucho, y a veces los resultados se notan en pocas semanas.

    Pero la verdad es que la mayoría de la gente no tiene déficit de biotina. Es una vitamina que se encuentra en muchos alimentos (huevos, legumbres, frutos secos…) y que incluso nuestras propias bacterias intestinales pueden producir.

    ¿Qué dicen los estudios?

    ➜ En personas con niveles bajos, los efectos sí son muy positivos: el pelo se vuelve más fuerte, crece mejor y la caída disminuye.

    ➜ En personas sin carencia, no se ha demostrado que mejore el crecimiento o la densidad del cabello.

    En pocas palabras: si tienes un déficit, la biotina puede marcar la diferencia. Pero si no es el caso, lo más probable es que tomarla no te aporte gran cosa.

    ¿Es peligrosa?

    No. Es una vitamina hidrosoluble, así que lo que no uses, lo eliminas por la orina. No hay toxicidad conocida, aunque a dosis muy altas puede interferir en algunos análisis de sangre (como los hormonales o los relacionados con la tiroides).

    Entonces… ¿merece la pena tomarla?

    Si notas caída, tienes las uñas fatal, o estás en una etapa de mucha fatiga y comes un poco mal… puede que sí. Pero si solo quieres mejorar un poco el aspecto del pelo sin más, la biotina por sí sola probablemente no haga maravillas.

    Cistina: el aminoácido que fortalece la estructura del cabello

    La cistina es menos conocida, y mucha gente no tiene claro para qué sirve.

    ¿Qué es la L-cistina?

    Es un aminoácido, es decir, uno de los bloques que forman las proteínas. Pero no cualquier proteína: es clave en la queratina, que es la principal responsable de la fuerza, el grosor y la resistencia del cabello.

    En concreto, la cistina es como el cemento que une las fibras de queratina entre sí. Gracias a sus enlaces de azufre (los famosos « puentes disulfuro »), consigue que el pelo tenga estructura, aguante los tirones, y no se rompa con facilidad.

    ¿Cuándo puede ayudarte?

    La cistina no es una vitamina ni un estimulante del crecimiento. Su papel es más físico: refuerza el cabello desde dentro.

    Por eso suele recomendarse en casos como:

    • Cabello débil, fino o quebradizo, que se rompe antes de tiempo.
    • Caída después de una etapa de estrés, enfermedad, parto o intervención médica.
    • Dietas pobres en proteínas, como algunas dietas veganas desequilibradas o periodos de pérdida de peso rápida.
    • Como apoyo en situaciones de efluvio telógeno, cuando el pelo cae en exceso por un desequilibrio temporal del ciclo capilar.

    ¿Qué dice la ciencia?

    La cistina lleva décadas usándose en dermatología, muchas veces combinada con vitamina B6, para tratar la caída de cabello difusa. Los estudios muestran que, en determinados casos, puede ayudar a:

    • Aumentar el número de cabellos en fase de crecimiento.
    • Reducir la caída diaria.
    • Mejorar el grosor y el volumen del pelo.

    El truco está en combinarla con otros nutrientes que favorecen la síntesis de queratina: zinc, metionina, biotina… Por eso, recomendamos que forme parte de una fórmula bien pensada, en lugar de tomarla por separado.

    ¿Es segura?

    Sí, se tolera muy bien… es un aminoácido presente en las proteínas que ya consumes a diario.

    La cistina no va a hacerte salir pelo donde ya no hay, pero puede ayudarte a que el nuevo cabello que crece salga más fuerte, más denso y más resistente.

    Si sientes que tu melena está « apagada”, frágil, que se rompe con mirarla… este aminoácido te puede venir de lujo.

    ¿Cuál elegir según tu situación?

    A continuación te dejamos una guía orientativa para ayudarte a decidir:

    Tu situación ¿Qué elegir?
    Estás notando caída de pelo + uñas frágiles o piel seca ➜ Biotina (posible carencia leve)
    Cabello débil, sin cuerpo, que se rompe al peinarte ➜ Cistina (estructura capilar dañada)
    Acabas de pasar una época de estrés o cansancio extremo ➜ Cistina (refuerzo tras caída temporal)
    Has dado a luz recientemente y se te cae el pelo ➜ Cistina + Biotina (postparto = combo ideal)
    No comes mucha proteína o llevas una dieta vegana poco variada ➜ Cistina (apoyo estructural)
    No sabes muy bien qué te está pasando, pero tu pelo ha perdido vitalidad ➜ Combinación de ambas, para cubrir todas las bases

    A menudo el origen de la caída del pelo no es evidente. Puede ser algo puntual, algo interno, o una suma de factores. En esos casos, apostar por un suplemento que combine cistina y biotina suele ser una buena estrategia: apoyas tanto el metabolismo como la estructura del cabello.

    De hecho, los estudios que han demostrado mejoras reales en la densidad del cabello o la reducción de la caída han utilizado fórmulas combinadas, no un solo ingrediente aislado.

    Por eso, aunque biotina y cistina pueden ser eficaces por separado en ciertos casos, funcionan mejor cuando se integran en una estrategia más completa.

    Y si la caída es muy intensa o prolongada, o si tienes otros síntomas que te preocupan, lo mejor es consultar con un dermatólogo. A veces, hay causas más profundas (como déficits de hierro, problemas hormonales, tiroides…) que conviene descartar cuanto antes.

    Preguntas frecuentes

    ¿La biotina hace que el pelo crezca más rápido?

    No exactamente. La biotina no acelera el crecimiento en sí, pero si hay una carencia, puede mejorar la calidad del cabello nuevo y reducir la caída. Si ya tienes niveles adecuados, tomar más no suele marcar una gran diferencia.

    ¿Se puede tomar cistina si soy vegetariano / vegano?

    Sí, aunque es importante revisar el origen del suplemento, ya que en algunos casos la cistina puede derivarse de fuentes animales. Busca productos etiquetados como aptos para veganos si este aspecto es importante para ti.

    ¿Cuánto tiempo hay que tomar estos suplementos para ver resultados?

    La salud capilar mejora despacio. Lo habitual es tomar el suplemento durante al menos 2 o 3 meses para notar cambios. La constancia es clave.

    ¿Puedo tomar biotina y cistina al mismo tiempo?

    Sí, y de hecho muchas fórmulas capilares las combinan. Tienen mecanismos de acción distintos y se complementan muy bien.

    ¿Cuál es la diferencia entre cistina y queratina? 

    La cistina es un aminoácido; la queratina es una proteína que está formada, en parte, por cistina. Dicho de otro modo, la cistina es uno de los componentes básicos que forman la queratina.

  • ¿Puedo tomar magnesio si soy hipertenso?

    ¿Puedo tomar magnesio si soy hipertenso?

    Magnesio para hipertensos: qué saber antes de empezar a tomarlo

    Publicado el 30/05/2025 – Última actualización el 20/09/2025

    Tal vez has oído que el magnesio ayuda a relajar los músculos, a mejorar el sueño o incluso a controlar la presión arterial… Pero surgen las dudas: ¿es seguro para mí? ¿interferirá con mi medicación? En este artículo voy a intentar resolver todas esas dudas.

    ¿Un hipertenso puede tomar magnesio?

    La respuesta corta es : en la mayoría de los casos, una persona con hipertensión puede tomar magnesio sin problemas. De hecho, varios estudios sugieren que mantener niveles adecuados de magnesio no solo es seguro, sino que puede tener efectos positivos sobre la presión arterial.

    Ojo: el magnesio no sustituye el tratamiento médico. Es un complemento que puede ayudar a mejorar el equilibrio general del organismo y, con ello, contribuir a mantener una presión arterial más estable. Pero el pilar sigue siendo el tratamiento individualizado, una alimentación saludable y el ejercicio regular.

    ¿Cómo ayuda el magnesio?

    El magnesio actúa en el cuerpo de varias formas que pueden influir positivamente en la presión arterial:

    • Relaja los vasos sanguíneos

    El magnesio ayuda a que las paredes de las arterias se relajen. ¿Resultado? Los vasos se ensanchan un poco y la sangre circula con menos resistencia, lo que contribuye a bajar la presión.

    • Calma el sistema nervioso

    Una falta de magnesio puede hacer que el sistema nervioso esté más alterado, lo que aumenta la liberación de adrenalina y otras hormonas que elevan la tensión. Al tener magnesio suficiente, se ayuda a mantener ese sistema más equilibrado.

    • Equilibra sodio y potasio

    El exceso de sodio sube la presión, mientras que el potasio la contrarresta. El magnesio juega un papel clave en mantener ese balance, favoreciendo la eliminación de sodio y reteniendo potasio en las células.

    • Reduce la inflamación y el estrés oxidativo

    La inflamación crónica y el daño oxidativo contribuyen al endurecimiento de las arterias. El magnesio tiene un efecto antiinflamatorio suave que puede proteger la salud vascular.

    ¿Cuánto efecto se puede esperar?

    Los estudios muestran que tomar magnesio puede bajar entre 2 y 4 mmHg de presión sistólica (la máxima).

    Puede parecer poco, pero incluso reducciones modestas en la presión arterial pueden disminuir el riesgo de complicaciones cardiovasculares a largo plazo. Es como sumar pequeñas ventajas que, con el tiempo, marcan la diferencia.

    Además, muchos pacientes reportan otros beneficios que no aparecen en los números de la tensión, pero que sí influyen en su bienestar diario:

    • Menos calambres musculares.
    • Mejor calidad del sueño.
    • Reducción del nerviosismo o irritabilidad.

    ¿Qué tipo de magnesio es mejor para hipertensos?

    Cuando uno empieza a informarse sobre los suplementos de magnesio, es fácil sentirse perdido entre tantas opciones: citrato, bisglicinato, cloruro, óxido, malato, taurato… ¡la lista parece interminable!

    Mucha gente piensa que cada tipo de magnesio sirve para una necesidad concreta: uno para los músculos, otro para dormir, otro para la presión arterial… Pero ojo, esto es un mito.

    La realidad es que todas las formas de magnesio aportan el mismo mineral: magnesio, y es este el que actúa en el organismo, no el « apellido » (citrato, bisglicinato, etc.). Así que lo importante no es tanto una supuesta función especial, sino cómo se absorbe y cómo lo tolera tu cuerpo.

    Los 2 criterios clave a la hora de elegir son:

    1. Biodisponibilidad (es decir, qué cantidad de magnesio realmente llega al organismo).
    2. Tolerancia digestiva (algunas formas pueden ser laxantes y otras son más suaves para el estómago).

    Formas recomendadas

    • Bisglicinato de magnesio
    • Malato de magnesio
    • Citrato de magnesio
    • Taurato de magnesio
    • Treonato de magnesio

    Formas menos recomendables

    • Óxido de magnesio
    • Magnesio marino
    • Cloruro de magnesio
    • Carbonato de magnesio

    Si tienes hipertensión y buscas el mejor magnesio, el bisglicinato es una opción excelente. Es altamente absorbible, suave para el estómago y efectivo para corregir posibles déficits, todo sin provocar molestias digestivas.

    Viendo la falta de opciones fiables en el mercado,  decidí crear el mío. 

    « Un magnesio con la calidad que yo mismo busco como nutricionista« 

    __CONFIG_colors_palette__{« active_palette »:0, »config »:{« colors »:{« af076 »:{« name »: »Main Accent », »parent »:-1}, »25d4d »:{« name »: »Accent Tone », »parent »: »af076″, »lock »:{« saturation »:0, »lightness »:0}}}, »gradients »:[]}, »palettes »:[{« name »: »Default Palette », »value »:{« colors »:{« af076 »:{« val »: »rgb(240, 90, 32) »}, »25d4d »:{« val »: »rgb(255, 113, 97) », »hsl_parent_dependency »:{« h »:6, »l »:0.69, »s »:1}}}, »gradients »:[]}, »original »:{« colors »:{« af076 »:{« val »: »rgb(19, 114, 211) », »hsl »:{« h »:210, »s »:0.83, »l »:0.45, »a »:1}}, »25d4d »:{« val »: »rgb(62, 183, 252) », »hsl_parent_dependency »:{« h »:201, »s »:0.96, »l »:0.61, »a »:1}}}, »gradients »:[]}}]}__CONFIG_colors_palette__ Ver el producto magnesio soleri

    ¿Cuánto magnesio tomar si tienes hipertensión?

    En los ensayos clínicos que han observado beneficios en la presión arterial, se han utilizado dosis medias de entre 300 y 400 mg de magnesio elemental al día:

    Estas dosis suelen estar por encima de lo que se recomienda habitualmente en la suplementación diaria para la población general, donde se aconsejan cantidades de referencia más bajas, normalmente en torno a 200-250 mg/día según la European Food Safety Authority (EFSA).

    La razón por la que los ensayos usan dosis más altas es que buscan asegurar un efecto detectable en un plazo relativamente corto (normalmente 2-3 meses), algo que no siempre ocurre con las dosis moderadas. Pero eso no significa que todo el mundo deba tomar esas cantidades en casa ni que más magnesio signifique necesariamente más beneficio.

    Nuestras recomendaciones

    Lo más sensato para uso cotidiano es comenzar con 200-250 mg/día de magnesio elemental, que ya cubre buena parte de las necesidades diarias.

    Si lo toleras bien y tu médico lo aprueba, puedes valorar subir a 300-350 mg/día en casos específicos (por ejemplo, si hay déficit documentado o hipertensión difícil de controlar).

    Conviene revisar siempre las etiquetas de los suplementos para no confundir “peso total del compuesto” (como citrato de magnesio, o bisglicinato de magnesio ) con “magnesio elemental”.

    ¿Hay interacciones entre magnesio y medicamentos para la presión?

    En general, el magnesio es compatible con los medicamentos antihipertensivos.

    En algunos casos puede incluso potenciar su efecto de forma positiva, ayudando a mantener la presión más estable.

    Eso sí, hay matices importantes que conviene tener en cuenta:

    • Diuréticos (como hidroclorotiazida, furosemida): estos medicamentos pueden aumentar la pérdida de magnesio por la orina, lo que a largo plazo puede llevar a un déficit. Aquí, suplementar magnesio puede ser útil para evitar carencias.
    • Inhibidores de la ECA y antagonistas de los receptores de angiotensina (enalapril, losartán, etc.): no suelen causar problemas con el magnesio, pero si además tomas suplementos de potasio, conviene vigilar los niveles para evitar desequilibrios.
    • Bloqueadores de los canales de calcio (amlodipino, nifedipino, etc.): como el magnesio también tiene cierto efecto vasodilatador, podría sumarse al efecto del medicamento. Esto no suele ser un problema, pero si notas mareos, cansancio excesivo o bajadas de tensión, consulta con tu médico.
    • Betabloqueantes (metoprolol, bisoprolol, etc.): no se conocen interacciones relevantes a dosis habituales de magnesio, pero conviene estar atento si aparecen síntomas como pulso muy lento o debilidad inusual.

    Atención especial en insuficiencia renal

    Si tienes insuficiencia renal moderada o grave, el magnesio puede acumularse porque los riñones no lo eliminan bien. En ese caso, hay que consultar siempre al médico antes de tomarlo.

    Separar tomas con otros medicamentos

    El magnesio puede interferir en la absorción de algunos fármacos, como antibióticos (quinolonas, tetraciclinas) o medicamentos para la tiroides. La recomendación general es separar la toma del magnesio al menos 2 horas de estos fármacos.

    Con los medicamentos para la hipertensión no suele haber este problema, pero es una buena práctica para evitar sorpresas.

  • ¿Para qué sirve el omega 3 con vitamina E?

    ¿Para qué sirve el omega 3 con vitamina E?

    Beneficios del omega 3 con vitamina E: por qué se combinan

    Publicado el 23/05/2025 – Última actualización el 23/05/2025

    A la hora de formular un complemento alimenticio, no basta con mezclar los ingredientes deseados y listo. A veces, para que un nutriente mantenga sus propiedades, necesita un pequeño empujón. Esto es precisamente lo que ocurre con el omega 3 y la vitamina E.

    ¿Por qué se combina el omega 3 con la vitamina E?

    El omega 3 es un tipo de grasa saludable fundamental para el buen funcionamiento del cuerpo. Seguro que habéis oído hablar de sus componentes principales: el EPA y el DHA, esos ácidos grasos que se encuentran sobre todo en pescados azules (salmón, sardinas, caballa…).

    ¿Por qué se habla tanto del omega 3? Porque suele faltar en nuestra dieta, a pesar de que aporta beneficios muy interesantes:

    • Cuida la salud del corazón.
    • Protege el cerebro y la memoria.
    • Ayuda a reducir la inflamación del cuerpo.

    El problema: el omega 3 es muy delicado

    Tiene un pequeño defecto: es muy frágil. Debido a su estructura (es una grasa poliinsaturada), se oxida con bastante facilidad. Esto significa que:

    • Se estropea rápidamente si entra en contacto con el oxígeno, el calor o la luz.
    • Pierde sus propiedades beneficiosas.
    • Puede generar sustancias dañinas (como los radicales libres).

    Así que, si queremos aprovechar de verdad los beneficios del omega 3, necesitamos protegerlo.

    La vitamina E es un antioxidante natural, lo que significa que ayuda a prevenir la oxidación.

    Después de ver tantos productos poco serios y mal formulados,  decidí crear el mío. 

    « Un omega 3 con la calidad que yo mismo exijo como nutricionista« 

    __CONFIG_colors_palette__{« active_palette »:0, »config »:{« colors »:{« af076 »:{« name »: »Main Accent », »parent »:-1}, »25d4d »:{« name »: »Accent Tone », »parent »: »af076″, »lock »:{« saturation »:0, »lightness »:0}}}, »gradients »:[]}, »palettes »:[{« name »: »Default Palette », »value »:{« colors »:{« af076 »:{« val »: »rgb(240, 90, 32) »}, »25d4d »:{« val »: »rgb(255, 113, 97) », »hsl_parent_dependency »:{« h »:6, »l »:0.69, »s »:1}}}, »gradients »:[]}, »original »:{« colors »:{« af076 »:{« val »: »rgb(19, 114, 211) », »hsl »:{« h »:210, »s »:0.83, »l »:0.45, »a »:1}}, »25d4d »:{« val »: »rgb(62, 183, 252) », »hsl_parent_dependency »:{« h »:201, »s »:0.96, »l »:0.61, »a »:1}}}, »gradients »:[]}}]}__CONFIG_colors_palette__ Ver el producto

    La oxidación del omega 3: ¿qué significa exactamente?

    La oxidación es una reacción química bastante común: ocurre cuando una sustancia entra en contacto con el oxígeno. Lo vemos todos los días, por ejemplo, cuando una manzana cortada se pone marrón o cuando el hierro se oxida y aparece óxido.

    Pues bien, con las grasas (como el omega 3) pasa algo parecido. Si se exponen al oxígeno, a la luz o al calor, estas grasas se deterioran. En lugar de aportar beneficios, pueden transformarse en compuestos dañinos para el cuerpo.

    En el caso del omega 3, esta oxidación puede ser bastante rápida si no hay algo que lo proteja.

    ¿Qué pasa si el omega 3 se oxida?

    Cuando el omega 3 se oxida:

    • Pierde su efectividad. Ya no cumple bien sus funciones en el organismo.
    • Se generan radicales libres. Estas son moléculas inestables que pueden dañar las células y favorecer procesos inflamatorios o el envejecimiento prematuro.
    • Aparecen sustancias tóxicas. Algunos de los productos de esta oxidación no solo anulan los beneficios del omega 3, sino que además podrían ser perjudiciales para la salud si se consumen en cantidad.
    • El sabor y el olor cambian. El omega 3 oxidado suele tener ese olor fuerte y desagradable a pescado rancio que a nadie le apetece tomar.

    ¿Cómo saber si el omega 3 está oxidado?

    Aunque en los suplementos no siempre es fácil de detectar a simple vista, hay algunas señales de alerta:

    • Mal olor (a rancio o a pescado pasado).
    • Sabor desagradable.
    • Sensación de irritación en la garganta al tomarlo.

    El papel de la vitamina E

    Como se ha dicho antes, la vitamina E es un antioxidante. Esto significa que tiene la capacidad de neutralizar los radicales libres, esas moléculas inestables que dañan las grasas, las células y los tejidos.

    Imaginad los radicales libres como pequeñas « chispas » que van chocando contra todo lo que encuentran a su paso. Lo que hace la vitamina E es actuar como un apagafuegos: intercepta esas chispas antes de que causen daño. Así, evita que las grasas (como el omega 3) se oxiden y se deterioren.

    ¿Por qué se utiliza vitamina E y no otro antioxidante?

    Hay muchos tipos de antioxidantes, pero la vitamina E tiene varias ventajas que la hacen ideal para este papel:

    • Es natural y segura para el consumo humano.
    • Tiene una afinidad especial por las grasas (es liposoluble), por lo que puede proteger directamente las membranas celulares y los ácidos grasos como el omega 3.
    • Se ha utilizado durante décadas en la industria alimentaria y en suplementos con muy buenos resultados.

    ¿En qué forma se añade la vitamina E a los suplementos?

    En las etiquetas, es frecuente que encontréis la vitamina E bajo el nombre de « tocoferoles » o « mezcla de tocoferoles ». Esta es la forma más estable y eficaz para conservar las grasas poliinsaturadas.

    ¿La vitamina E potencia también los beneficios del omega 3?

    Tanto el omega 3 como la vitamina E comparten algo importante: los dos ayudan a reducir la inflamación y a combatir el estrés oxidativo.

    • El omega 3 es famoso por su efecto antiinflamatorio (sobre todo el EPA) que ayuda a regular las respuestas inflamatorias del organismo.
    • La vitamina E actúa neutralizando los radicales libres y protegiendo las células del daño oxidativo.

    En teoría, combinar estas dos acciones podría ofrecer una protección extra para la salud, especialmente en situaciones donde inflamación y oxidación están muy relacionadas (como en problemas cardiovasculares, envejecimiento celular, salud cerebral, etc.).

    Pero aquí viene el matiz importante (que no siempre se explica bien): la cantidad de vitamina E que se suele añadir a los suplementos de omega 3 a menudo es baja.

    En la mayoría de los casos, esta dosis es suficiente para proteger el omega 3 de la oxidación, pero no alcanza los niveles necesarios para cubrir las necesidades diarias del cuerpo.

    La función principal de la vitamina E en los suplementos de omega 3 es, sin duda, proteger la calidad del producto.

    • ¿Aporta algo a vuestro organismo? Sí, aunque de forma modesta, dependiendo de la cantidad añadida.
    • ¿Es suficiente para tener un verdadero efecto antioxidante en el cuerpo? En la mayoría de los casos, no. Para eso, sería necesario un aporte adicional a través de la alimentación o de otros suplementos si fuese necesario.

    ¿Todos los suplementos de omega 3 llevan vitamina E?

    No, no es obligatorio añadir vitamina E al omega 3. La normativa no exige que todos los suplementos de omega 3 lleven vitamina E. Sin embargo, la mayoría de los fabricantes serios sí la añaden, precisamente para evitar la oxidación y garantizar la estabilidad del producto.

    Especialmente en los suplementos que contienen omega 3 de origen marino (aceite de pescado, krill, etc.), donde el riesgo de oxidación es mayor, suele ser bastante habitual encontrar vitamina E en la lista de ingredientes.

    Ahora bien, no todos los productos lo hacen igual de bien. Algunos añaden una cantidad mínima, solo para cumplir, mientras que otros utilizan mezclas de tocoferoles de buena calidad y en dosis adecuadas para proteger el aceite de forma efectiva.

    ¿Cómo saber si vuestro suplemento contiene vitamina E?

    Muy sencillo: id directamente a la lista de ingredientes. Si el producto lleva vitamina E, lo normal es que aparezca con alguno de estos nombres:

    • Vitamina E.
    • Tocoferoles.
    • Mezcla de tocoferoles.
    • d-alfa tocoferol (forma natural).
    • dl-alfa tocoferol (forma sintética).

    Si la etiqueta no menciona nada de antioxidantes y el suplemento es de omega 3 marino, eso debería haceros levantar una ceja… Podría ser un indicador de baja calidad o de poca preocupación por la estabilidad del producto.